Es una de las situaciones más frecuentes antes de una primera consulta: los padres ven una necesidad clara, y el adolescente se niega, a veces con firmeza, a asistir. Forzar la situación rara vez ayuda —puede lograr que llegue a la primera sesión, pero difícilmente que se abra a un proceso real si siente que fue impuesto.
Por qué suele haber resistencia
La negativa casi nunca es sobre la terapia en sí, sino sobre lo que representa: sentirse señalado como "el problema", perder autonomía sobre su propia vida, o temer que lo que diga se use en su contra dentro de la familia. Entender esto cambia la forma de abordarlo.
Qué evitar
- Presentarlo como consecuencia de una conducta ("por esto que hiciste, vas a ir al psicólogo").
- Prometer que "solo va a ser una vez" cuando en realidad se espera un proceso continuo.
- Discutir la decisión frente a hermanos u otros miembros de la familia.
Qué suele funcionar mejor
- Ofrecer la primera sesión como una conversación exploratoria, sin compromiso de continuar.
- Dar algo de decisión real al adolescente: el horario, o si prefiere que sus padres estén presentes al inicio o no.
- Ser honesto sobre por qué se está proponiendo esto, sin dramatizar ni minimizar.
Sobre la primera sesión misma
El encuadre de confidencialidad se conversa desde el inicio, con el adolescente y con la familia: el contenido específico de las sesiones queda resguardado, y los padres reciben información general del proceso, no un reporte detallado de cada conversación.
Si tu hijo o hija se resiste a la idea de ir al psicólogo, podemos conversarlo primero tú y yo.