La asesoría parental no está dirigida al niño o adolescente, sino a quienes ejercen la crianza. Es un espacio para pensar decisiones, ajustar herramientas y evaluar qué aspectos de la dinámica familiar pueden estar sosteniendo ciertas dificultades, sin que eso implique buscar culpables.

Este proceso puede empezar en cualquier momento: desde el embarazo, cuando surgen preguntas sobre qué tipo de crianza se quiere ejercer, hasta con hijos ya adolescentes, cuando los métodos que funcionaban antes dejaron de tener efecto.

¿Cuándo conviene este proceso?

  • Durante el embarazo o los primeros años, para pensar decisiones de crianza antes de que se instalen por defecto.
  • Cuando ciertas dificultades del niño o adolescente se repiten pese a los intentos de abordarlas.
  • Cuando los padres no logran ponerse de acuerdo en criterios de crianza.
  • Cuando se necesita evaluar si una dificultad requiere solo ajustes en casa o, además, un proceso terapéutico aparte con el niño o joven.

Cómo se trabaja

Se revisan la dinámica familiar, los estilos de crianza de cada adulto a cargo, y las situaciones concretas que están generando dificultad. A partir de ahí se entregan herramientas específicas para la situación —no un modelo genérico de crianza— y se evalúa en conjunto si además conviene un proceso terapéutico directo con el niño o adolescente.

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