La adolescencia no es un problema a resolver, aunque muchas veces se consulta cuando algo en esa etapa se volvió difícil de sostener: cambios de ánimo que preocupan, conflictos que se repiten en la casa, un quiebre en el rendimiento escolar, o una distancia que se instaló con la familia y no se sabe cómo achicar.

El trabajo con adolescentes tiene una diferencia central respecto al trabajo con adultos: el vínculo terapéutico se construye con el joven, pero el encuadre incluye a la familia. Eso significa acordar desde el inicio qué se comparte y qué queda resguardado, para que el proceso no se convierta en un canal de vigilancia ni en un espacio sin ningún tipo de comunicación con los padres.

¿Cuándo conviene una primera conversación?

  • Cuando hay cambios sostenidos en el ánimo, el sueño o las relaciones del adolescente.
  • Cuando la comunicación en la casa se volvió mayormente conflictiva.
  • Cuando el adolescente está atravesando una decisión importante (vocacional, de identidad, de vínculos) y no tiene con quién pensarla.
  • Cuando la familia no sabe cómo acercarse sin que se sienta como una intromisión.

Cómo se trabaja

La primera sesión suele incluir tanto al adolescente como, en alguna medida, a la familia, para acordar el encuadre. De ahí en adelante, el proceso es principalmente individual, con instancias puntuales de conversación familiar cuando el proceso lo requiere.

Si buscas acompañamiento para un adolescente, agenda una primera conversación.